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Expansión 20/04/09

La producción “made in Spain” democratiza el código secreto de los productos.

La compañía Macsa ha desarrollado un aparato para la codificación de bienes llamado “iCON” que iguala el precio de los sistemas de tinta fácilmente borrables, de menor resolución y poco ecológicos.
Coja una lata de un refresco y dele la vuelta. Verá una serie de números referentes al lote, la fecha de caducidad y, probablemente, la fecha de envasado. Se trata de una seña única que permite identificar cada producto y, en caso de un problema, conocer su origen y los posibles responsables.
La mayor parte de las marcas de codificación de productos se realiza mediante una máquina de impresión de tinta. Este sistema tiene una inversión inicial de unos 6.000 euros por máquina, más 2.000 euros anuales en consumibles, es decir, la tinta, disolventes, filtros y mantenimiento.
Como alternativa, existen codificadores láser, que no requieren de tinta, pero, hasta ahora, su coste en el mercado era de 16.000 euros, más un mantenimiento anual de entre 200 y 300 euros. Se tarda cuatro años en amortizar la inversión. Sólo el 5% de máquinas de identificación en el mundo son láser.
“Las ventajas del láser son evidentes. La tinta se puede borrar, no siempre se lee bien y, además, es muy contaminante y no se puede reciclar. Algunos consumibles contienen alcoholes de altas densidades, muy perjudiciales para el medioambiente”, asegura Jordi Piñot, Director General de la compañía española Macsa. “Las máquinas de tinta suelen ser, así mismo, delicadas y sufren múltiples averías, y son más lentas que las láser”, añade.
El proyecto. Macsa ha decidido poner punto y final a las barreras de entrada de la tecnología láser en el mercado. “La producción de estas máquinas se importaba de EEUU, lo que disparaba el precio. Si queríamos vender codificadoras láser a un precio de venta de entre 8.500 y 9.000 euros, era necesario convertirnos en productores”, relata Piñot.
El proyecto de desarrollo de esta tecnología ha necesitado más de tres años y una inversión de tres millones de euros, con el apoyo del CDTI.
El producto resultante de este proyecto se llama iCON y, de tener éxito, podría desmontarlas bases de la actual industria de aparatos de codificación. Macsa no ha iniciado aún el suministro de estos equipos, pero la cartera de pedidos está “asegurada para los próximos tres meses”, indica Piñot. La compañía, con una facturación de 18 millones de euros el año pasado y una plantilla de 100 personas, exporta ya a sesenta países del mundo.
Uno de los factores que podría resultar clave en la aceptación de iCON en el mercado es la próxima puesta en vigor de una ley, que obligará a que los medicamentos sustituyan los tradicionales códigos de barras por los llamados códigos en 2D, que incluyen información como el número de lote y la fecha de caducidad. Esta normativa obligará a las farmacias a contar con lectores especiales. La máquina iCON puede programarse para realizar códigos de este tipo. Los productos médicos son, precisamente, de los que exigen más datos en sus identificaciones. “Algunos códigos desvelan, por ejemplo, la hora y minuto exactos de su fabricación, en qué línea de montaje se produjo y los componentes que tiene”, concluye Piñot.
INFORMACIÓN
La codificación se realiza durante el proceso de embalaje, y señala datos como la fecha de caducidad, la hora de fabricación y los componentes. 
SEGURIDAD
En caso de problema, los códigos permitirán saber qué elementos contiene el producto y qué personas se encargaron de su producción.
INVERSIÓN
Las máquinas de certificación cuestan 6.000 euros, más 2.000 euros anuales; el nuevo ‘iCON’ costará 9.000 euros, más 300 euros anuales.

Expansión 20/04/09